El Motor del Futuro

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Para que su empresa sea aún más exitosa de lo que tal vez ya es, resulta necesario invertir en tecnología e innovación. Pero, además, considerar y sumar a esto la investigación y el desarrollo experimental, es darse la oportunidad de crecer cada día más. Es donde surge con fuerza el motor del futuro, aquel llamado I+D.

Para algunos, invertir en investigación es un tema que pasa a segundo plano, o hasta se deja relegado al último lugar de las prioridades dentro de la empresa.  Un error que debiese ser corregido, según la voz de expertos, pues se ha visto que la tecnología ha reducido las barreras para realizar negocios, permitiendo incrementar ingresos, y mejorar los procesos.

Un acto que va mucho más allá de algo que pudiese ser considerado un lujo, tratándose, en realidad, de una oportunidad para su empresa de crecer cada día más, estando a la vanguardia de los nuevos tiempos, y con procesos realmente contingentes y competitivos dentro del mercado, independiente de cuál sea su rubro.

Es aquí donde toma fuerza un término que ha sido considerado por muchos como el motor del futuro, y nos referimos al I+D.

La experiencia internacional demuestra que empresas de diferentes tamaños pueden lograr grandes saltos de competitividad utilizando la I+D como eje de sus estrategias de innovación y negocios.

Según la Fundación Tecnológica de la SONAMI, la IV Encuesta de Gasto y Personal en I+D del Ministerio de Economía, arrojó que “el país registró en 2013 un gasto en esta área equivalente al 0,4% del PIB. Esta cifra refleja  que Chile invierte muy poco en investigación, significativamente inferior a 2,4% del PIB que invierten en promedio los países de la OCDE.

La encuesta realiza también un desglose por sector económico, destacándose la participación de las industrias manufactureras, la explotación de minas,  y las actividades profesionales, científicas y técnicas, como las tres áreas que más invierten en I+D, con una inversión en conjunto de un 56,4% del total. También señala la encuesta que el Estado financió el 38% del gasto total en I+D, en tanto que las empresas el 34%, y que las universidades fueron las que más ejecutaron gasto en I+D, con un 39% del total”.

 

Pero ¿Qué es el I+D?

 

Seguramente es un término que usted ya conoce, y maneja muy bien. En caso contrario, le contamos que las siglas I+D corresponden a Investigación y Desarrollo, que, a su vez, se desglosa en tres clases:

 

  • Investigación básica: Esta consiste en todos aquellos estudios, o trabajos originales que tienen como objetivo adquirir conocimientos científicos nuevos. Vale decir, trabajos de carácter experimental, o bien teóricos, que se emprenden principalmente para obtener nuevos conocimientos acerca de los fundamentos de los fenómenos y hechos observables.

En este tipo de investigación, se analizan propiedades, estructuras, y relaciones, con el objetivo de formular hipótesis, teorías y leyes. En esta etapa, entonces, los científicos realizan “Descubrimientos”.

 

  • Investigación aplicada: Al igual que en el caso de la investigación básica, la investigación aplicada también consiste en trabajos originales realizados para adquirir nuevos conocimientos, pero está dirigida fundamentalmente hacia un objetivo práctico específico. Los resultados de esta investigación son susceptibles de ser patentados para una futura explotación comercial. En esta etapa, los científicos o técnicos “Inventan”.

 

  • Desarrollo experimental o tecnológico: Consiste en la utilización de los conocimientos ya existentes, adquiridos en la investigación aplicada, y está dirigido a la producción de materiales, dispositivos, procedimientos, productos, o servicios nuevos, o a la mejora de los ya existentes.

En esta etapa, su empresa puede ya haber conseguido los conocimientos “Know How” (saber hacer) y se desarrollan los prototipos, o plantas pilotos. Es importante, porque si los resultados del prototipo son eficaces, y viables, podrá realizar inversiones para producir en grandes series, y vender al mercado, convirtiéndose en su innovación.

 

I+D en Minería

 

La importancia de la aplicación de la I+D, queda claramente representada en el rubro minero. Y es que la competitividad en minería depende en gran medida del esfuerzo que se hace en innovación y desarrollo (I+D).

Los desafíos en I+D se encuentran en toda la cadena del valor del negocio minero: desde la exploración, hasta la comercialización de productos.

La exploración, por ejemplo, tiene el desafío primario de identificar cuerpos mineralizados que son la base para el desarrollo de los futuros proyectos. La mayoría de los cuerpos menos profundos ya han sido descubiertos, por lo que se requiere de métodos y tecnologías que permitan descubrir y dimensionar posibles yacimientos más profundos.

Por su parte, en la etapa de operación, la I+D se orienta a hacer más eficiente las operaciones de extracción y procesamiento de minerales, con el foco en la reducción de los costos de producción. A medida que avanza el desarrollo de los proyectos mineros, las operaciones enfrentan situaciones operativas adversas como el aumento de las distancias de transporte, la disminución de las leyes de los minerales, mineralogías más complejas, y aumento de la dureza de la roca, conduciendo, naturalmente, a mayores costos de producción. Los avances en innovación tecnológica son importantes para la contención de dichos costos.

Hay tecnologías que la minería adopta de otras industrias, pero también hay desafíos que son propios de la minería en donde no existen soluciones tecnológicas  que se puedan transferir, y son en estos últimos ámbitos en donde se debieran concentrar los  esfuerzos de I+D.

En definitiva, todas las soluciones deben apuntar a aumentar la capacidad para encontrar y explotar en forma rentable yacimientos cada vez más profundos y de menor ley.

No obstante, pese a que la sustentabilidad económica es la condición base para desarrollar un proyecto minero, los temas ambientales y sociales no pueden quedar al margen de la estrategia operacional. Desde la temprana etapa de exploración, con tecnologías adecuadas, se puede realizar un análisis acertado de los eventuales impactos que puede generar el eventual proyecto, lo que a su vez permite planificar las futuras operaciones con medidas adecuadas de mitigación para viabilizar la explotación del recurso minero.

El 8 de abril de 2016 se realizó el lanzamiento del Roadmap Tecnológico 2015-2035 “Desde el cobre a la innovación” realizado en el marco del Programa Nacional de Minería Alta Ley. Dicha hoja de ruta se basa en la premisa que siendo Chile el mayor productor de cobre del mundo, y contener las mayores reservas de este metal, debiera también ser un centro de investigación, desarrollo, e innovación tecnológica en minería del cobre, como también de proveedores de productos y servicios a esta industria.

Esta hoja de ruta hace ver la importancia que tendrá en las nuevas tecnologías el eficiente uso de agua y energía, como también, el cuidado del medio ambiente a partir del concepto de economía circular centrada en el manejo de residuos y el reciclaje. (Fuente: Fundación Tecnológica SONAMI).

 

Inversión en I+D en Chile sube 4,4% pero aún es la más baja de los países OCDE

 

Así lo publicaba el medio nacional “Emol” en enero de este año: De los 35 estados miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), sólo cinco países invierten menos del 1% del PIB en Innovación y Desarrollo (I+D): Polonia, Eslovaquia, Grecia, México y Chile.

Pero, la situación es aún peor. Y es que de ellos, por lejos, el peor posicionado es Chile, donde el gasto llega al 0,39% del producto. Así quedó de manifiesto en la VI Encuesta Nacional sobre Gasto y Personal en I+D que elabora el Ministerio de Economía, y que es llevada a cabo por el INE, tomando como referencia datos de 2015.

En términos concretos, los números muestran que si bien en 2015 el gasto subió 4,4%, hasta los $607.408 millones, todavía está muy lejos del estándar de los países OCDE -donde el promedio es de 2,38% del Producto Interno Bruto- o de potencias como Corea del Sur e Israel, donde supera el 4%, informa “El Mercurio”.

“Chile tiene que incorporar conocimiento a los bienes y servicios que produce, paso fundamental para alcanzar el desarrollo, y en ese proceso el Estado está cumpliendo su rol al financiar la I+D, pero necesitamos que los privados se sumen al desafío”, comentó el ministro de Economía, Luis Felipe Céspedes.

La autoridad hace hincapié en la alta gravitación que alcanza el Estado como fuente de financiamiento, algo que contrasta con los países desarrollados, donde las empresas doblan, e incluso triplican la inversión pública en I+D. En el caso local, los datos muestran que en 2015 el sector público invirtió $258.734 millones -un 42,6% del total-, mientras que las empresas llegaron a $199.083 millones, equivalentes al 32,8%.

“Vemos que el Estado sigue aumentando sostenidamente el financiamiento en I+D, pero necesitamos que sean los privados los que lo lideren, como ocurre en los países desarrollados. Si los privados invierten en I+D, se fomenta la competencia, lo que beneficia al mercado y a los consumidores. Con más competencia, las empresas deben usar la I+D para diferenciarse del resto o crear nuevos productos. Más innovación, menos colusión”, apuntó Céspedes.

En esa línea, afirmó que para incentivar la inversión en Innovación y Desarrollo en las empresas, el Estado ha implementado instrumentos como la Ley de Incentivo Tributario a la I+D, que busca promover una cultura más innovadora en las compañías chilenas, pero que aún no logra atraer a empresas suficientes. De hecho, desde el 2012, sólo 288 empresas han postulado al beneficio, de las cuales han sido seleccionadas 235.

 

“Invertir en I+D no es un lujo de país desarrollado, es una condición para serlo”

 

“Chile invierte poco en Investigación y Desarrollo (I+D) como porcentaje de su producto, y está bajo en la comparación con los países de la OCDE (Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos). Pero, invertir en I+D no es un lujo de país desarrollado, es una condición para serlo. Debiéramos estar invirtiendo por sobre el 1%”. Así de categórico es Gonzalo Rivas, quien desde hace dos años preside el Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (CNID).

El experto sostiene que si se compara a Chile con otros países intensivos en recursos naturales -al menos un 50% de sus exportaciones derivadas de ellos-, cuando estos tenían el mismo nivel de ingreso per cápita, el sector público invertía más que el privado, tal como ocurre hoy en el país. Esto se explica, dice, porque la I+D realizada en estas áreas demora muchos años en madurar. Por eso, “el reto es lograr fortalecer la cooperación entre el sector privado y público para hacer I+D de impacto”.

Pese a ello, Rivas ve con optimismo el futuro, dado que las empresas ya están trabajando coordinadas con la academia y el sector público, y se muestran más conscientes. Esto, se refleja en una alza significativa en el uso de la Ley de I+D, cuyos montos certificados crecieron 80% en 2015 versus 2014. (Fuente: Diario Financiero). 

 

 

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